UN CAMPESINO LLEGA AL CIELO

Resulta que un pobre y piadoso campesino se murió y llegó a las puertas del cielo. Coincidió con un hombre que había sido en vida muy rico y que también quería entrar en el Paraíso. Se acercó san Pedro con las llaves y dejó pasar al rico. Por lo visto, no se fijó en el pobre campesinillo y le cerró tranquilamente las puertas de la Gloria. El campesino oyó en ese momento con qué regocijo recibían al rico, con cuánta música, con cuántas canciones. Se reanudó por fin el silencio, se acercó de nuevo san Pedro a la entrada del Cielo, abrió las puertas e hizo pasar al campesino. El campesino creía que también iba a sonar para él la música. que cantarían, que lo celebrarían animadamente. Pero no. Fue recibido con mucho cariño, por supuesto, le rodearon los ángeles custodios, una corte arcangélica, etcétera, etcétera, pero allí nadie cantó. El campesino le preguntó a san Pedro a ver por qué no se le recibía como al rico, que parecía que en el Cielo trataban con la misma parcialidad que en la tierra, a unos mejor que a otros. Y por eso san Pedro respondió:

—No, qué va. A ti te queremos como a los demás. Gozarás plenamente de la felicidad de Dios, igual que ese señor tan rico. Lo mismo. Pero date cuenta de que campesinitos pobres como tú vienen aquí a diario. Y en cambio, un señor como ese, tan rico, sólo llega cada cien años, más o menos.

JACOB Y WILHELM GRIMM (1785-1863 y 1786-1859, respectivamente)

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