EL PRESENTIMIENTO

La familia rodeaba al moribundo.

El moribundo habló con lentitud:

—Siempre creí que yo no viviría mucho.

Los niños clavaban en él sus conmovidos ojos. El moribundo continuó tras un suspiro:

—Siempre tuve el presentimiento de que me iba a morir muy pronto.

El reloj del comedor tocó la media y el moribundo tragó saliva.

—Luego, a medida que he ido viviendo, llegué a creer que mi presentimiento era falso.

El moribundo concluyó juntando las manos:

—Ahora, ya veis: con ochenta y seis años bien cumpli­dos comprendo que ese presentimiento ha sido la mayor ver­dad de mi vida.

 

JUAN PEDRO APARICIO (1941)

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