MARÍA ZAMBRANO, POETA

Pensadora del aura

Nacer sin pasado, sin nada previo
a que referirse, y poder entonces verlo todo,
sentirlo, como deben sentir la aurora
las hojas que reciben el rocío;
abrir los ojos a la luz sonriendo;
bendecir la mañana, el alma,
la vida recibida, la vida ¡qué hermosura!
No siendo nada o apenas nada
por qué no sonreír al universo,
al día que avanza, aceptar el tiempo
como un regalo espléndido,
un regalo de un Dios que nos sabe,
que nuestro secreto, nuestra inanidad
y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser…
Y como estoy libre de ese ser,
que creía tener, viviré simplemente,
soltaré esa imagen que tenía de mí misma,
puesto que a nada corresponde y todas,
cualquier obligación,
de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.

María Zambrano (1904-1991) fue una  filósofa española. Hija del también filósofo y pedagogo Blas Zambrano,  fue discípula de Zubiri  y amiga de Ortega. Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras el exilio.  Ya anciana, recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Príncipe de Asturias en 1981, y el Cervantes en 1988.

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