EL ACTOR

Sólo se le conocía a través de sus apariciones en las telenovelas. Al terminar sus jornadas abandonaba con disimulo los estudios e iba a sumergirse en el cuarto de una pensión donde no lo reconocía nadie. No tenía amigos ni familiares, ni sentimientos, ni ideas ni deseos. Se sentía existir únicamente en su serie de las siete treinta de la tarde… Un día desapareció. La prensa habló de fuga amorosa, de rapto, de crimen. Para llenar el vacío dejado por su ausencia, se organizaron retrospectivas de sus episodios. Mientras tanto, en la cruz roja, un desconocido agonizaba sin poder morir. Una señora que filmaba a un pariente accidentado, al verlo por la cámara lo reconoció. Al darse cuenta que era grabado, el actor pudo por fin expirar.
Lo hizo con una gracia sublime. La noticia se comunicó a todas las agencias. Se le dedicaron planas enteras en los periódicos y el disco que registró su deceso mereció ser enterrado en el Mausoleo Nacional dentro de un lujoso ataúd. Su cadáver fue arrojado a la fosa común.

Alejandro Jodorowsky

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Microrrelatos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s