Archivo de la etiqueta: Las Sinsombrero

CARMEN CONDE, ENTREGA (en la soledad del final…)

Guardaré mi voz en un pozo de lumbre
y será crepúsculo toda la vida.

Ya girarán más leves los cuchillos
porque no encontrarán dónde herirme.
Erguida de rocíos negros,
para ti cantaré.

¡Que no me busquen los sin vista,
que no me llamen los ahogados,
que no me sientan los que huyo!

A mi soledad de reflejos,
amor,
sólo tú.

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ANA RODRIGUEZ CALLEALTA: TRES PUNTOS SUSPENSIVOS…

TRES PUNTOS SUSPENSIVOS PARA UN CRUCIGRAMA.

Ya no existe aquel parque
donde tantas veces me dejé las rodillas.
No he cerrado la puerta,
ni las ventanas,
ni he colmado con un grito
el vaso de agua medio vacío
(o medio lleno,
nunca supe distinguirlo)
no tuve prisa,
no quise ir a aquel entierro,
ni firmar mi futuro,
ni beberme de un trago el tequila.
Yo no le prepare la cena al dolor,
no puse velas en nuestras noches
no quise hacerme preguntas,
no intenté responder.
Yo no quise tener miedo,
ni sentirme pequeña.
Yo soy pequeña,
son los años.

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HAY MUJERES… ELVIRA SASTRE

Hay mujeres
que son estaciones de (d)año,
tormentas torrenciales en agosto y estufa
en un diciembre lleno de abandonos.
 
Hay mujeres
que son pájaros sin alas en un cielo lleno
de recuerdos,
fieras carnívoras al acecho de las ganas
y de esa falta de poder ante la tentación 
que solo es deseo confundido.

(… puedes seguir leyendo aquí 

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ERNESTINA DE CHAMPOURCIN, una vez más ESTÁ con nosotros.

Estás

Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.

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CARMEN CONDE, ROZANDO EL LÍMITE…

ROCE DE LÍMITES
Esto que se termina soy yo. No puedo pasar de mí.
He llegado hasta mis propios bordes;
rebosaría, derramándome, si quisiera
a la Puerta de Dios llamar.

Una mirada en sí; unos sentidos todos
dentro de ellos mismos… Soy ahora
el límite total de la criatura.

Voy a afirmarme ante el No, a gritar que vine
henchida de un latido inexpresable;
y que espero me sostengan unas manos
sin pulpa de la tierra.

Todo llegó conmigo;
fabulosas miserias traje absorta
y un delgadísimo ramaje de venturas
que soñaba bosque de amor en el mundo.

De aquí no espero brotar.
Nadie me llama.
¿Voy a persistir cual una sombra
delante de tu voz jamás oída?
Atiéndeme, misterio; no te alcanzo.
¿Eres la quietud, eres violencia
de quietud…?
¿Eres yo misma?

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