Archivo de la etiqueta: Versos con faldas

CARMEN CONDE, ENTREGA (en la soledad del final…)

Guardaré mi voz en un pozo de lumbre
y será crepúsculo toda la vida.

Ya girarán más leves los cuchillos
porque no encontrarán dónde herirme.
Erguida de rocíos negros,
para ti cantaré.

¡Que no me busquen los sin vista,
que no me llamen los ahogados,
que no me sientan los que huyo!

A mi soledad de reflejos,
amor,
sólo tú.

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AQUEL CALOR, de ÁNGELES MORA.

Si esta noche la sombra
cayó sobre la sombra,
y el silencio su sello puso
sobre labios ya mudos,
qué puede sorprenderte.

Si aquel calor es una historia antigua
y sus cenizas las esparce el viento.

Qué puede sorprenderte,
si ya tanto llovió sobre mojado.

De Pensando que el camino iba derecho 1982

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ANA RODRIGUEZ CALLEALTA: TRES PUNTOS SUSPENSIVOS…

TRES PUNTOS SUSPENSIVOS PARA UN CRUCIGRAMA.

Ya no existe aquel parque
donde tantas veces me dejé las rodillas.
No he cerrado la puerta,
ni las ventanas,
ni he colmado con un grito
el vaso de agua medio vacío
(o medio lleno,
nunca supe distinguirlo)
no tuve prisa,
no quise ir a aquel entierro,
ni firmar mi futuro,
ni beberme de un trago el tequila.
Yo no le prepare la cena al dolor,
no puse velas en nuestras noches
no quise hacerme preguntas,
no intenté responder.
Yo no quise tener miedo,
ni sentirme pequeña.
Yo soy pequeña,
son los años.

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AL FINAL DE IRENE SÁNCHEZ CARRÓN

Al final

                      “Los ojos ven, el corazón presiente.”
Octavio Paz

Que pocas cosas duelen. Digamos, por ejemplo,
que se puede no amar de repente y no duele.

Duele el amor si pasa
hirviendo por las venas.
Duele la soledad,
latigazo de hielo.

El desamor no duele. Es visita esperada.
No duele el desencanto. Es tan sólo algo incómodo.

Somos así, mortales
irremediablemente,
sin duda acostumbrados
a que todo termine.

De Porque no somos dioses 1998

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SARA BÚHO.

Acabo de cerrar la puerta justo
después de perder la mirada tras de ti;
es de valientes despedirse y no cerrar
justo después.
Me he dicho que no escribiría esto,
pero no se me ocurre un mejor modo
de seguir sintiéndote cerca.
Benditas palabras,
bendito papel,
bendita tu piel
y la tinta,
y las letras,
y las de tu nombre;
cómo se esparcen en mi boca,
cómo se derraman por los recuerdos,
cómo sonríen en tu ausencia,
cómo asesinan a la soledad.
Me he dicho que no escribiría esto,
pero acabo de cerrar la puerta
justo después de despedirnos,
desde cerca y luego desde lejos,
y no se me ocurre mejor consuelo
que el de poder escribir sobre ti
sin tener que haberte perdido.
(Puedes seguir leyendo aquí)

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