Archivo de la categoría: Microrrelatos

LA MONTAÑA o el poder de la fantasía…

El niño empezó a trepar por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en la butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña. Y el niño lo fue escalando: se apoyaba en las estribaciones de las piernas, en el talud del pecho, en los brazos, en los hombros, inmóviles como rocas. Cuando llegó a la cima nevada de la cabeza, el niño no vio a nadie.
-¡Papá, papá! -llamó a punto de llorar.
Un viento frío soplaba allá en lo alto, y el niño, hundido en la nieve, quería caminar y no podía.
-¡Papá, papá!
El niño se echó a llorar, solo sobre el desolado pico de la montaña.
Enrique Anderson Imbert (1910-2000)
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EL GRITO, una micronarración de terror…

EL GRITO

La joven duquesa de Montflorite se había preparado a conciencia para la guillotina. Le habían dicho que evitara mirar el entorno, el verdugo, la cuchilla. De camino al cadalso mantuvo los ojos cerrados. Y, mientras la multitud increpaba al carromato lleno de aristócratas, ella rezaba. Subió luego también a ciegas la escalinata de madera con la ayuda de un soldado. Y sólo abrió los ojos cuando, pasado el duro trance, se halló entre las paredes de una canasta sobre un montón de cabezas volteadas y sangrantes. Sintió más asco que horror y quiso gritar pero ya no le salió la voz.

Juan Pedro Aparicio

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EL ANCIANO SIN MEMORIA, JAVIER VILLAFAÑE

Estaba con una mano en la frente y a cada pregunta que hacían los amigos bajaba la cabeza, cerraba los ojos para mirar más lejos y respondía:
– No, no recuerdo.
Y de pronto, dijo:
– Ustedes recuerdan todo. Debe ser tremendo. Yo no recuerdo nada. Estoy como si naciera mañana.

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UN MICRORRELATO DE TERROR ANTES DE HALLOWEEN

La habitación maldita

Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, mas yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.

Fernando Iwasaki

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EL DESTINO ES INEXORABLE

La muerte en Samarra

El criado llega aterrorizado a casa de su amo.

-Señor -dice- he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.

El amo le da un caballo y dinero, y le dice:

-Huye a Samarra.

El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.

-Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza -dice.

-No era de amenaza -responde la Muerte- sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.

Gabriel García Márquez

 

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