Mª VICTORIA ATENCIA, LLEGUÉ…

Llegué cuando una luz muriente declinaba.
Emprendieron el vuelo los flamencos dejando
el lugar en su roja belleza insostenible.
Luego expuse mi cuerpo al aire. Descendía
hasta la orilla un suelo de dragones dormidos
entre plantas que crecen por mi recuerdo sólo.

Levanté con los dedos el cristal de las aguas,
contemplé su silencio y me adentré en mí misma.

Mª Victoria Atencia (Málaga, 1931)

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Wislawa Szymborska

Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.

Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras: “¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta. Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!”

-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde. La botella pudo haber flotado mucho tiempo -dijo el pescador primero.

-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano -dijo el pescador segundo.

-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla “Aquí” está en todos lados -dijo el pescador tercero.

El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio. Las verdades generales tienen ese problema.

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CARMEN CONDE, INDESCRIPTIBLE

Esperar es peor que nacer,
porque solamente espera el que se muere
de esperar sin hacerse con la vida
otra cosa que esperar. El esperarte.

Y atada a esa tu espera que me gasta
y que gasta tu vida sin traerte,
aquí me estoy muriendo de ansiedades
porque cabe, tremenda, esta esperanza.

Cada día, ¡oh tú que te retrasas!
sin saber que nos vamos alejando,
es menor la distancia irreparable
de pensar, de esperar, que nos aleje.

Y aquí sigo esperando, nada intento
por huir al tormento de tu espera.
Ya no sé si allá fuera de mi vida
quedan otros o no, queda quien ande!

solamente por ti, por cuando llegues,
a solas esperándote te espero.

Carmen Conde (1907-1996), escritora del 27, primera mujer elegida miembro de la RAE.

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Giselle Aronson

Al principio, me preocupaba que mi propia imagen no se reflejara en el espejo del baño. Luego me tranquilicé cuando una mañana descubrí, que, a pesar de esa ausencia, el otro lado me devolvía el eco de mi voz.

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EL SILENCIO, ELVIRA SASTRE

El silencio.

Los pasos sordos,

Los murmullos desconocidos.

El crujido seco.

La habitación fría.

Las puertas cerradas.

La casa limpia.

La alegría perdida.

El sueño vacío.

Tu ruido.

Tu ruido apagado.

Elvira Sastre (1992), Adiós al frío, 2020

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