Te esperaré apoyada en la curva del cielo… ERNESTINA DE CHAMPOURCIN

Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.

Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.

Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.

Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

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REANUDAMOS CON CARMEN CONDE, Y SU AUSENCIA…

Ausencia del amante

He vuelto por el camino sin hierba.
Voy al río en busca de mi sombra.
Qué soledad sellada de luna fría.
Qué soledad de agua sin sirenas rojas.
Qué soledad de pinos ácidos errantes…
Voy a recoger mis ojos
abandonados en la orilla.

Carmen Conde (Cartagena, 1907 – Madrid, 1996)

Estudia Magisterio. En 1927 conoce al poeta Antonio Oliver Belmás, que la asesora en esta etapa. Publica en las minoritarias revistas de Juan Ramón Jiménez, y su primera obra, Brocal, en 1929. Se casan el 5 de diciembre de 1931 y, juntos, fundan la primera Universidad Popular de Cartagena.

En 1934 publica Júbilos, prologado por Gabriela Mistral.

Al estallar la Guerra Civil, Oliver se une al ejército republicano. Cuando acaba la Guerra, Oliver vive recluido en Murcia; Carmen se instala en El Escorial en casa de unos amigos. Los años 40 son literariamente muy productivos. Utiliza seudónimos, como Magdalena Noguera, Florentina del Mar y otros. Trabaja para la Editorial Alhambra, colabora en la Sección Bibliográfica del CSIC y en la Sección de Publicaciones de la Universidad de Madrid.

En 1967, a Carmen Conde, se le concede el Premio Nacional de Poesía por Obra poética.

Elegida Académica de la Real Academia Española en 1978, en la que ingresa un año después, se convierte en la primera mujer que logra este honor.  Otros premios y numerosos homenajes jalonan los años 70 y 80. Sus últimos días los pasará en una residencia de Majadahonda, donde muere el 8 de enero de 1996.

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¡UN NUEVO CURSO LLENO DE LECTURAS!

Arrancamos en breve el curso 2018-2019 en las aulas. El blog empieza a estar operativo a partir del día 10 con las sugerencias del poema y del microrrelato de la semana, con las noticias culturales y con muchas más propuestas de lecturas, teatro, cine…

Este es el blog de la biblioteca y la biblioteca es de todos pero especialmente se trata de un servicio al alumnado y al profesorado un curso más y ya van seis con una continuidad desde 2012 que no creímos posible. Gracias al equipo de biblioteca por el que han pasado tan buenos profesionales se cumplió el deseo.  Esto da ánimos para dar un paso adelante, afrontar el nuevo curso y pensar que este blog se convierte en una herramienta educativa más.

FELIZ COMIENZO DE CURSO A TODA LA COMUNIDAD EDUCATIVA OS DESEAMOS DESDE LA BIBLIOTECA

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MITOLOGÍA DE UN HECHO CONSTANTE

A la madre le habían confiado los dioses el secreto: “Mientras alimentes la llama de esa hoguera, tu hijo vivirá”. Y la madre, infatigable, sostenía el fuego, vigilándolo, sin permitir que disminuyese en intensidad ni altura.

Así pasaron los años. La madre, arrodillada ante el lar, veía cómo las ascuas alargaban sus alegres brazos escarlata, garantía de la vitalidad de su hijo. Sin dormirse, hora tras hora, agregaba al montón caliente nuevos troncos, en vela de su hermosa calentura.

Un día, por la puerta abierta que daba a los campos, entró una joven blanca, sonriente y hermosa, de paso seguro y ojos que miraban con gozo y fe al porvenir. Sin hablarle, ayudó a levantarse a la madre, sorprendida, le hizo un ademán de adiós, y se arrodilló ante el lar, a nutrir ella, la crepitante llamarada.

La madre no preguntó. Súbitamente comprendía que era su revelo, que estaba obligada a ceder el turno a la desconocida, a la que se encargaba desde entonces de sostener el alimento de la incesante llama para que viviera su hijo.

Y, también en silencio, se salió de la casa y no se fue lejos; solo donde podía prudentemente contemplar el humo delicado disolviéndose en el delicado azul.

Tomás  Borrás

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CARMEN CONDE, ENTREGA (en la soledad del final…)

Guardaré mi voz en un pozo de lumbre
y será crepúsculo toda la vida.

Ya girarán más leves los cuchillos
porque no encontrarán dónde herirme.
Erguida de rocíos negros,
para ti cantaré.

¡Que no me busquen los sin vista,
que no me llamen los ahogados,
que no me sientan los que huyo!

A mi soledad de reflejos,
amor,
sólo tú.

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