LOS BOMBEROS de MARIO BENEDETTI.

Olegario no sólo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía: “Mañana va a llover”. Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: “El martes saldrá el 57 a la cabeza”. Y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites.

Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Caminaban con él frente a la Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: “Es posible que mi casa se esté quemando”.

Llamaron un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Éstos tomaron por Rivera, y Olegario dijo: “Es casi seguro que mi casa se esté quemando”. Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.

Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.

Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.

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XVIII CONCURSO LITERARIO EL POZÓN DE LA DOLORES

Aquí disponéis de  las bases del concurso literario, que ya deben estar colgadas en las corcheras de las aulas… No olvidéis entregar siguiendo las bases escrupulosamente y en el plazo previsto. Ánimo y suerte.

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YO NO QUISE SER MENDIGO… LUISA CASTRO

Yo no quise ser mendigo,
pero, ¿adónde van a parar
las preguntas que no se contestan?,
me pregunto yo.

Preguntar es pedir asilo,
preguntar es franquear la puerta
de un país aterido.

Los locos son esos que vagan
buscando respuestas.

Luisa Castro (1966, Lugo) Poetisa y narradora, obtiene en 1986 el premio de poesía Hiperión, por Los versos del eunuco.  En 1990, con su primera novela, El somier,  queda finalista del premio Herralde.

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EDUARDO GALEANO, LA PUERTA.

A Carlos, que después de esta historia,
ya en plena democracia,
volvió a prisión por el delito de ser periodista.

En una barraca, por pura casualidad, Carlos Fasano encontró la puerta de la celda donde había estado preso.

Durante la dictadura militar uruguaya, él había pasado seis años conversando con un ratón y con esa puerta de la celda número 282. El ratón se escabullía y volvía cuando quería, pero la puerta estaba siempre. Carlos la conocía mejor que la palma de su mano. No bien la vio, reconoció los tajos que él había cavado con la cuchara, y las manchas, las viejas manchas de la madera, que eran los mapas de los países secretos adonde él había viajado a lo largo de cada día de encierro.

Esa puerta y las puertas de todas las otras celdas fueron a parar a la barraca que las compró, cuando la cárcel se convirtió en shopping center. El centro de reclusión pasó a ser un centro de consumo y ya sus prisiones no encerraban gente, sino trajes de Armani, perfumes de Dior y videos de Panasonic.

Cuando Carlos descubrió su puerta, decidió quedársela. Pero las puertas de las celdas se habían puesto de moda en Punta del Este, y el dueño de la barraca exigió un precio imposible. Carlos regateó y regateó hasta que por fin, con la ayuda de algunos amigos, pudo pagarla. Y con la ayuda de otros amigos, pudo llevarla: más de un musculoso fue necesario para acarrear aquella mole de madera y hierro, invulnerable a los años y a las fugas, hasta la casa de Carlos, en las quebradas de Cuchilla Pereira.

Allí se alza, ahora, la puerta. Está clavada en lo alto de una loma verde, rodeada de verderías, de cara al sol. Cada mañana el sol ilumina la puerta, y en la puerta el cartel que dice: Prohibido cerrar.

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BEGOÑA CALLEJÓN, de PANTALLAS…

DE LA PANTALLA que habla en blanco y negro
de las gargantas
de las bocas abiertas
del pan nuestro de cada día
del arte
de la madre
de la abuela
de la hija
de los tumores
de la enfermedad
de las últimas muñecas recortables
de la virginidad invadida por los cuerpos
de sentirte en mi piel
ENCERRADA EN LA 203.

Begoña Callejón (1976, Almería).

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